Perú, Lima - Hotel Country Club
Esplendor colonial

Declarado Monumento Hitórico, el hotel más tradicional de la capital peruana es un claro vestigio del rico legado colonial. Elegancia, buen gusto y confort.



L os arcángeles nos miran y hasta parece que sonrieran, picarones. Apenas un metro delante del imponente biombo del siglo XIX, otro par de ángeles se concentra en su trabajo: atendernos de maravillas. Son las recepcionistas del hotel Country Club, el más
tradicional de Lima, que suman sus sonrisas al espléndido lobby. Engalanado con calas de Tarma en enormes floreros de plata y un  mosaico de azulejos verdes y amarillos, el ambiente es tan españolísimo que más bien habría que llamarlo recibidor.
El Country, como le dicen en Lima, es toda una institución para los peruanos, a tal punto que fue nombrado Monumento Nacional. Se construyó en 1927 en San Isidro, entonces puro campo, hoy el floreciente corazón financiero y empresarial de la ciudad. El bellísimo edificio en estilo hacienda funcionaba también como una suerte de Club House para el Lima Golf Club, situado justo enfrente. Allí se hacían los bailes de sociedad y los casamientos de más alcurnia; su Bar Inglés dio refugio a innumerables reuniones de negocios. En la inauguración participó hasta el presidente de la república, Augusto B. Leguía; muy pronto, con el objetivo de facilitar la conexión entre el centro de la ciudad y su majestuoso club de campo, se trazó la avenida Javier Prado. San Isidro se desarrolló alrededor del Country. Tan importante era este club para la alta burguesía limeña que fue escenario de Un mundo para Julius, primera obra de Alfredo Bryce Echenique, que le valió un premio nacional de literatura, y hoy, según una encuesta reciente, es considerada la mejor novela peruana de todos los tiempos.

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Pero antes, mucho antes de que existiera San Isidro, cuando no había rastro de literatura en la zona, el lugar ya era importante. Allí se asentaba la ciudadela precolombina de Huadca, que en quechua quiere decir “cuidar del mal”. Es decir, una tierra protegida. Hoy, el único testimonio de ese pasado sagrado se encuentra en la huaca Hallamarca, un centro de adoración de la cultura hualla, de presumible procedencia aimara, que según arqueólogos habría sido construido alrededor del año 400 dC. La huaca, un sitio arqueológico importantísimo, quedó rodeada por embajadas y edificios de última generación, a menos de un kilómetro del hotel Country; se cree que sobrevivió a la furia urbanizadora porque uno de los propietarios del terreno tenía intención de construir su casa sobre “ese montículo de tierra”. Menos mal. Según los especialistas, esta imponente pirámide escalonada de 80 metros de largo habría funcionado como complejo funerario. Un museo de sitio exhibe las piezas encontradas en excavaciones, como cerámicas, máscaras y textiles, y ofrece visitas guiadas. Pero aun desde afuera se percibe el aura insoslayable, poderosa, de esa arcilla que atravesó el tiempo. De noche, la iluminación realza este efecto, y le devuelve a los habitantes de San Isidro una pequeña porción de eternidad.

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El biombo de arcángeles es sólo una de las 300 piezas de colección que decoran el hotel. Son de un valor incalculable, cedidas a préstamo por el museo de arte colonial peruano Pedro de Osma. Es una pena que no se pueda homenajear debidamente a sus autores, ya que en los talleres de arte del siglo XIX criollos y aborígenes doraban altares con pan de oro y retrataban príncipes lejanos sin dejar su firma.
Hoy, la reina Isabel I de Inglaterra controla ceñuda el movimiento del lobby desde un gigantesco lienzo. Los pasillos se amueblan con bancos, armarios y baúles exquisitamente trabajados, integrados al hotel desde la remodelación de 1998, que puso en valor el edificio respetando religiosamente la estructura original. Pero este derroche de arte barroco no termina en los espacios comunes: cada habitación cuenta con al menos una pieza de museo; en las suites hay dos o hasta tres. Espejos con marco de plata, angelitos de alas doradas, escudos de armas, escritorios nunca vistos, rostros de reyes tallados y dorados en madera y decorados con vidrio... Todos los objetos son cuidadosamente limpiados una vez al mes por expertos del museo.
Pero que la magnificencia de las obras no llame a confusión: estamos en el mejor 5 estrellas de Perú, preparado para dar un servicio de excelencia. Las 83 habitaciones y suites, desde la Master hasta la Presidencial, cuentan con el non plus ultra del confort: espacios de al menos 40 metros cuadrados, vidrios dobles para aislarlas del mundanal ruido, baños íntegramente revestidos en mármol, con ducha española y amenities de L’Occitane; majestuosos escritorios; corriente de 110 y 220 voltios; wi-fi y también conexión a internet por cable; camas a partir del king size, con almohadas tan cómodas que una vez un huésped se negó a dejar el hotel sin una de ellas. A medida que se avanza en las categorías, aparecen detalles como el jacuzzi y las terrazas, especiales para fumadores, pero también para quien disfrute de tomar su desayuno al aire libre, con vista al Golf.
Y hablando de eso: uno de los rasgos más apreciados del hotel es que permite a sus huéspedes ingresar sin membresía al exclusivísimo Golf Club Lima, situado justo enfrente. Más de una vez se han registrado clientes que nunca usaron su habitación... sólo querían poder jugar.  

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“Una onza de jugo de limón fresco, una de jarabe de goma, cuatro de pisco quebranta, media clara de huevo fresco batida y hielo en la coctelera; se sirve en tres tiempos, en una copa previamente helada, con tres gotas de bitter angostura --no tres, no cuatro-- para aromatizar.” Parece fácil, y mucho más si se suma la sonrisa con la que Roberto Meléndez, amo y señor del Bar Inglés, da la receta de su trago bandera mientras lo prepara. Pero al probar el pisco sour doble (“no hay simple”, se excusa), sabemos que nos miente. Ese trago es todo menos fácil; tiene el gusto de lo único.
Roberto lleva la coctelería en la sangre; es segunda generación de barmen. “Mi papá le servía pisco sauer a John Wayne en la década del 50”, desliza suavecito, como quien comenta que va a llover. No dice que él mismo es tricampeón nacional, y que viaja por el mundo con la misión de divulgar la cultura del pisco, cada vez más refinada en su producción y más valorada en su consumo. A cambio, cuenta la historia del trago que hoy es emblema de Perú en el mundo, inventado por Víctor Morris en su propio bar, Morris, el 1o de abril de 1916. También explica las diferencias entre la uva quebranta y la acholada, y se explaya acerca del rescate de otros cócteles a base de pisco: el capitán, el bongiorno o el chilcano, muy de moda hoy en el país y de a poquito cruzando fronteras.
El Bar Inglés es como una embajada”, dice Roberto, señalando el amplio espacio revestido en madera. Y se lanza a recordar los nombres de las personalidades que dejaron y dejan pasar las horas tras sus discretas ventanas.
Lo mismo puede decirse del restaurante Perroquet y su espléndida terraza. Elegido en 2010 como el “mejor restaurante de hotel” por la guía Summum, está al mando de Jacinto Sánchez, hacedor de maravillas con los mejores frutos del mar y la tierra peruana. Su cocina, cosmopolita con identidad, va de los tradicionales cebiches, tiraditos y causas a la mejor fusión. A los postres, la terrina de lúcuma despierta la envidia hasta del rey Luis XV, que espía desde su retrato.
Pero hay delicias a toda hora. Una de las citas más tradicionales de Lima se da cada tarde en el salón Los Vitrales, el más bello y luminoso, con su forma semicircular y su techo formado por cuatro mil piezas de vidrio coloreado. Con la excusa de un espléndido té -sándwiches, crepes, tortas, masas- las amigas se reúnen a jugar a las cartas y contarse los chismes. Quizás, a planear la boda de alguna hijas en los jardines, emulando su propia boda y la de sus madres. Porque el Country es una tradición, e invita graciosamente a cada huésped a sentirse, al menos por un ratito, parte de esa historia.

Por Marcela Basch. Fotos: gentileza Hotel Country Club.

GPS
Dirección: Los Eucaliptos 590, San Isidro. Lima 27, Perú.
Distancias: a 12 km. desde el aeropuerto y a 6 km. del centro de Lima.
Cómo llegar: desde el aeropuerto, tomar hacia la derecha por Elemer Fouset, luego, en la avenida La Marina, doblar a la izquierda. Por esta avenida se cruza un puente y después se toma la calle Javier Prado hasta la intersección con Los Eucaliptos, donde hay que doblar a la derecha y seguir 4 cuadras.
Web: www.hotelcountry.com
E-mail: country@hotelcountry.com
Tel: (+511) 611.9000


ROOMIN Nº15

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